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Literatura para melancólicos
Nada como encontrarte a un borracho en la calle que se hace llamar Juan Rulfo: no mames, ¿Juan Rulfo? A web, el mismo. Pero sà Rulfo ya está muerto. Nomás pa que te des color de quién tienes en frente y eso que a mà ni me gustan los fantasmas.
Basketball para melancólicos
No todos saben esto: brincar, llegar al punto más alto, hacer el movimiento de siempre, sostener el balón con las dos manos, la izquierda apoya y el brazo derecho se estira hasta que la muñeca insista la parábola perfecta para que el balón rebase el aro y sea recibido por la red que hace un ruido que sabe a música.
Los hot dogs o el plan económico alternativo
Estoy harto de la crisis y veo que el paÃs no tiene muchas ideas. Por ello propongo el plan económico alternativo:
Se repite hasta el cansancio que tendrÃamos un moneda más fuerte si estuviera basada en en la plata, o que la próxima moneda será el amero, o lo que a cada quien se le ocurra. Están equivocados, no habrá en México una moneda más fuerte que el hot dog:
-"Oiga doña, ¿cuánto cuestán los chetos?"
Y los 147 kilos de la doña contestan: "esos te valen dos hot dogs y medio, morro".
Matrimonio para dummies
Hace unos dÃas, mi sobrino de tres años fue encontrado por su madre rasurándose la reluciente piel de bebé de su quijada. El resultado fue una gran cortada en el mentón y una fobia a los rastrillos. Ahora me tocará a mà explicarle durante su juventud que su gusto por la barba y, sobre todo, en las mujeres no obedece a ninguna postura post post hippiosa, si no más bien a una ridÃcula intención de hacer algo sobre lo que no tuvo ni la más mÃnima idea.
¿No es la crisis aquel robot que iba a terminar con el hombre?
El monstruo fue construido, como todos los monstruos, por el hombre. A diferencia de lo que se pensaba, no fue exactamente un robot poseÃdo con voz electrónica y con ojos diabólicos: fuimos construyendo reglas y relaciones económicas que no podemos controlar.
El miedo y su ficción
Miedo serÃa abrir azarosamente un libro en la página 22 durante un dÃa nublado en el poblado de La Candelaria y que, por la impresión, se me cayeran todos los dientes y, aunque quisiera levantarme, un payaso con cara de perico se burlara de mÃ. O bien, que me cayera un ratón en la cara mientras duermo. O tal vez que un cholo sacara su navaja para quitarme la lap donde traigo los seis capÃtulos de mi tesis recién terminada y sin respaldo.
Hasta la basura se separa
Lo diré una sola vez y para siempre: me gusta mucho la televisión, bastante, la idolatro y pobre de aquel ingenuo que se atreva a nombrarla la caja estúpida. Porque caja sÃ, pero nunca lo otro. Pero hay de televisión a televisión: aburridos los documentales del discovery. Diversión la televisión abierta, las modelos semidesnudas, los chistes tan rojos como la lengua metalera de Sabrina la duermodepie.
Leer engorda
Sobre la lectura se han levantado una gran cantidad de falsos pero ninguno tan reales como éstos. Leer engorda, provoca calvicie prematura, gasta el tan preciado sentido de la vista, hace al lector infeliz, es un ejercicio solitario, y, según diversos testimonios, los que más sufren por ella son los acompañantes de los lectores viciados que desperdician su vida leyendo a escritores muertos, extranjeros, y que no tenÃan ni la mÃnima idea del mundo contemporáneo.
Brisa y Pollock o "si yo fuera mujer"
El arte que se ensimisma o la pintura hecha pintura
Un lejano Jackson Pollock