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Basketball para melancólicos

No todos saben esto: brincar, llegar al punto más alto, hacer el movimiento de siempre, sostener el balón con las dos manos, la izquierda apoya y el brazo derecho se estira hasta que la muñeca insista la parábola perfecta para que el balón rebase el aro y sea recibido por la red que hace un ruido que sabe a música.

HISTORIAS (100€ LA HORA)

Pedro había crecido en una estricta
familia conservadora. Muy religiosa y 
disciplinada. Nada de relaciones prematrimoniales, nada de drogas, nada
de homosexualidad.

¿No es la crisis aquel robot que iba a terminar con el hombre?

El monstruo fue construido, como todos los monstruos, por el hombre. A diferencia de lo que se pensaba, no fue exactamente un robot poseído con voz electrónica y con ojos diabólicos: fuimos construyendo reglas y relaciones económicas que no podemos controlar.

El miedo y su ficción

Miedo sería abrir azarosamente un libro en la página 22 durante un día nublado en el poblado de La Candelaria y que, por la impresión, se me cayeran todos los dientes y, aunque quisiera levantarme, un payaso con cara de perico se burlara de mí. O bien, que me cayera un ratón en la cara mientras duermo. O tal vez que un cholo sacara su navaja para quitarme la lap donde traigo los seis capítulos de mi tesis recién terminada y sin respaldo.

HADA DEL SUR (ANDALUCIA)

 


Su padre era “El Duende”,


su madre una guitarra

Brisa y Pollock o "si yo fuera mujer"

El arte que se ensimisma o la pintura hecha pintura

Un lejano Jackson Pollock


 

Yo soy tu padre

Ni bien había terminado de orinar, cuando el ruido de unos pasos interrumpieron mi sagrada concentración para lograr el placentero escalofrío: el fulano se acomodó en el mingitorio siguiente. Traté de enfocarme pero la angustia de saber que estábamos solos en aquel enorme baño del centro comercial me hacía sentir como si mi hombría corriera peligro.

Quitándole lo diablo a Santa Anna

  Como todo ser humano he cometido yerros, y algunos de ellos tuvieron consecuencias funestas. Pero de ahí a la monstruosidad que me achacan hay un abismo. Gran parte de mis culpas le corresponde a la sociedad que ahora me crucifica. ¿O acaso goberné un país de niños?

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