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Creencia VS Superstición
Pero hay algo llamativo: en la superstición entran todos los elementos que contiene la religiosidad, como prácticas, devociones, gestos, ritos, comportamientos y demás; pero asumen el carácter de profanos, pues se oponen a una religión oficial y a la vez son rechazados por ella; no obstante, están siempre latentes, y se les combate porque podrían contaminar la práctica religiosa oficial.
Aunque, muchas veces, ambas están tan estrechamente ligadas que casi se funden, como ocurre con las devociones a algunos santos y/o deidades para arrancarles milagros u obligarlos a satisfacer deseos de los creyentes que, por cierto, no siempre resultan muy píos, como tampoco son ortodoxos los métodos de esta coerción: al podre de San Antonio de Padua las mujeres suelen ponerlo de cabeza para encontrar novio, o para que ayude a localizar objetos perdidos; o le quitan al niño jesús de los brazos y no se lo vuelven a poner hasta que cumpla la petición; en desagravio, en su día van a la iglesia donde haya una imagen suya y a sus pies depositan trece pasadores ellas y trece monedas ellos, como ofrenda y para encontrar buen marido o la esposa de sus sueños.
"La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija loca de una madre cuerda": Voltaire
Los complejos seres humanos somos, por naturaleza, religiosos y mágicos a la vez. Pero en la época moderna, dominada por el materialismo, van dejando de existir los ritos y credos que los vinculaban a las sociedades y entre sí. No obstante, persiste la necesidad íntima de protegerse contra las fuerzas maléficas y atraer a las benéficas. Por ello proliferan toda clase de charlatanes que venden hechizos y amuletos. Lo cual tampoco es nada nuevo: desde la prehistoria se tallaban figurillas de cabezas de animales a las cuales se les atribuían poderes mágicos. Por otra parte, en el siglo II de nuestra era, el astrólogo griego Vettius Valens, contemporáneo de Ptolomeo, se quejaba de aquellos que se erigían en profetas sin tener los conocimientos de ello.
Muchas supersticiones tienen un orígen racional. Por ejemplo, evitar pasar bajo una escalera previene de un peligro latente: ser golpeado por un objeto que caiga de ella.
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