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Hasta la basura se separa
Lo diré una sola vez y para siempre: me gusta mucho la televisión, bastante, la idolatro y pobre de aquel ingenuo que se atreva a nombrarla la caja estúpida. Porque caja sí, pero nunca lo otro. Pero hay de televisión a televisión: aburridos los documentales del discovery. Diversión la televisión abierta, las modelos semidesnudas, los chistes tan rojos como la lengua metalera de Sabrina la duermodepie.
Pero bueno, el rencor que origina esta entrada es por una violación contra la libertad de la televisión abierta. Yo creía que el priísmo había terminado y con él la censura que estaba asesinando a este país. La televisión abierta se había convertido en la posibilidad de acceder a cualquier tipo de basura obscena que atentaba contra los casi trece libros que llevo leídos en toda mi vida: la televisión abierta me enseñó que la mujer se respeta por el tamaño de su traje y de sus operaciones: Ninel es la reina.
Gracias a la televisión abierta conozco el mal gusto, chistes, y una infinidad de morbosidades que he ido adquiriendo a través del tiempo. Cuál censura, lo peor de la televisión es gratuita y al alcance de todos.
Pero mi decepción fue grande: el domingo pasado transmitieron “Amores perros”. Creo que era la versión muda: nomás veía a Gael mover la boca mientras un grito sordo quería decir todas aquellas palabras que hacen patria: güey, chingado, puto, y la lista, lo sabemos, es un largo etcétera.
Yo no quiero ser el decentón alarmista aquí, pero me parece mucho más requetefeo los obsenos de Sabrina que un chamaquito sufrido gritando groserías porque su perrito fue herido.
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