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Nostradamus y sus inicios
A partir del año 1555 Nostradamus empezó a
escribir sus propios vaticinios en forma de cuartetas; y puesto que
cada libro contenía exactamente cien de estas breves combinaciones
métricas de cuatro versos, los llamó Centurias.
Tan extendido
estaba en aquella época el arte de la magia que a nadie atemorizaba la
lectura del futuro. Pululaban por pueblos y ciudades un sinfín de
hábiles vaticinadores de la suerte que hallaban, con suma facilidad, un
público dispuesto a escucharles y que Ies entregaba, como recompense,
alguna moneda de oro o de plata, con tal de que se les anunciase
sucesos favorables y les tranquilizara ante las densas sombras del
futuro.
El
doctor Nostradamus no pertenecía a esta abominable ralea de falseadores
charlatanes ni sacaba provecho alguno de sus predicciones. La luz
divina se encendía en él y penetraba en los misterios del futuro; no
era, pues, fruto de improvisadas charlatanerías.
Completamente solo, en el silencio de la noche, Nostradamus se acomodaba en el sillón, rodeado de los instrumentos
que utilizaba y de los textos en los que bebía su misteriosa ciencia astronómica.
Se extendía, ante
sus penetrantes ojos, la bóveda celeste que él contemplaba a través de
la ventana: aquel firmamento estrellado tenía para él pocos secretos y
en aquellos innumerables cuerpos celestes leía como en un inmenso libro
abierto. Mas no siempre es agradable este privilegio porque ocurre,
algunas veces, que aquello que está escrito en las misteriosas páginas
de los astros no corresponds a los deseos y a los intereses de quienes
tienen la llave para interpretar sus signos. De esta forma, Nostradamus
leyó en la bóveda celeste un futuro doloroso para sí y para sus seres
más queridos: la esposa y sus dos hijos serían pronto presas de la
muerte y envueltos en las frías tinieblas de la tumba.
Y
cuando se cumplió puntualmente aquel trágico vaticinio, Nostradamus,
impotente, se vio obligado a aceptar la decisión de un destino que se
le había dado a conocer, pero en el que no podía intervenir para
detenerlo.
Transcurrieron los años y las profecías de
Nostradamus se cumplieron con inexorable puntualidad: la conjura de
Amboise, el levantamiento de Lyon y la muerte de Francisco I son otros
acontecimientos vaticinados por el sabio vidente.
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