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Yo soy tu padre
Ni bien había terminado de orinar, cuando el ruido de unos pasos interrumpieron mi sagrada concentración para lograr el placentero escalofrío: el fulano se acomodó en el mingitorio siguiente. Traté de enfocarme pero la angustia de saber que estábamos solos en aquel enorme baño del centro comercial me hacía sentir como si mi hombría corriera peligro. Apresuré la necesidad, pero era como si el cuerpo sacara líquido de no sé donde para mantenerme a un lado de ese hombre, norteño a juzgar por el sombrero, que continuamente giraba la cabeza para verme.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />
-Es bueno miar acompañado de gente que tiene educación compa- lo escuché con el miedo de que también me diera una palmada en la espalda, como sigo de compañerismo, pero sólo siguió hablando
-Hay compas que se ruborizan por tenerlo a uno miando a un lado- Yo ya empezaba a sentirme como el hijo a quien se le está a punto de darle una lección.
- No hace mucho, un vato con ropas de oficinista o de ingeniero en sistemas, no lo sé, me llamo pelado nomás por sacarle plática, pero pelado es aquel completamente desgraciado que se consuela gritando a todo el mundo que tiene “muchos huevos”, pero lo importante es advertir que en este órgano no hace residir solamente una especie de potencia, la sexual, sino toda clase de potencia humana. Para el “pelado”, un hombre que triunfa en cualquier actividad y en cualquier parte es porque tiene “muchos huevos”-
Debo de admitir que, aunque ya había terminado de orinar, era inevitable seguir ahí, de pie, medio desnudo y escuchándolo.
- Por eso compa, yo no soy ningún pelado, además, esa frase de “yo soy tu padre” me cae en la punta del hígado, la intención de esta frase es claramente afirmar el predominio, es seguro que en nuestras sociedad patriarcales el padre es para todo hombre el símbolo del poder, por eso, el falo sugiere al “pelado” la idea de poder. De aquí ha derivado un concepto muy empobrecido del hombre.
Salí del embobamiento intelectual hasta que se acomodó el pantalón y se despidió de mí como si nos acabáramos de confesar lo más íntimo de nuestros problemas personales con tequilas de por medio.
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